La Expropiación: La novela que relata la construcción del UNCTAD (Actual GAM)

Rodrigo Miranda estudió periodismo en la Universidad de Santiago y tiene un Master en escritura creativa de la Universidad de New York. Rodrigo llega a sorprendernos con “La Expropiación”; esta novelización de la construcción del edificio UNCTAD que demoró un record de 275 días, con los obreros trabajando a 3 turnos, haciendo que los trabajos fueran continuados durante 24 horas de cada día. Rodrigo nos muestra el día a día de lo que significó para miles de personas la materialización de este sueño colectivo, una obra titánica como pocas se ven hoy en día, no tanto por la magnitud del edificio, si no mas bien por el espíritu y el esfuerzo social que significó.

No solo fue construido en un tiempo record, si no que una de las grandes particularidades es que todos sus trabajadores, desde lo obreros hasta los ingenieros y arquitectos ganaban lo mismo. Cuando el recinto fue rebautizado como Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral en el año 1972 abrió un casino del cual Rodrigo también nos habla “He conocido mucha gente que recuerda ese casino. Tomaban su bandeja y escogían entre cuatro menús, más bebida y postre. Se servían más de tres mil raciones al día hasta pasada la medianoche. El casino fue ideado por quien fuera dueño de la antigua cadena de restaurantes Chez Henry, el español Salvador Morera“. El Chez Henry era a todas luces conocido, ya que sirvió durante mucho tiempo a la alta sociedad de Santiago, desde su emblemático local ubicado en lo que ahora es el Portal Fernandez Concha (Plaza de Armas), mucho mas conocido en estos días por sus innumerables locales de completos.

Tuvimos la suerte de hablar con Rodrigo, quien nos cuenta en sus propias palabras como nace esta idea y que podemos esperar al adentrarnos en sus páginas.

– ¿Cómo te decides a realizar un libro de este tipo, como nace la idea?

La idea nace de un impulso, una pulsión, la necesidad y el goce de contar una historia épica y colectiva. La novela narra la construcción del edificio UNCTAD a través de una voz colectiva, los mil obreros que construyeron este edificio. Sufridos, sacrificados, aporreados de tanto atrevimiento y coraje, que por 275 días se volvieron protagonistas de la historia de puro hambrientos de épica y mística. Muy diferentes a los trabajadores neoliberales de hoy, explotados, esclavos del retail y del mercado anti sindical, anti huelga, trabajadores sin voz, humillados a punta de bonos y jubilaciones miserables. El edificio UNCTAD es más que un edificio, es un sueño y un deseo colectivo, es un gesto político y representa la mejor manera de construir un proyecto de sociedad basado en la colaboración y la solidaridad.

Los obreros comen materiales de construcción, se alimentan y cagan cemento, piedra, clavos…

– ¿Puedes compartir algún fragmento del libro que te guste particularmente?

Me gusta el capítulo del discurso de Salvador Allende. Los discursos de Allende están remezclados, sampleados como si un hip-hopero del futuro los reconstruyera. Les busqué otro orden y al final el discurso estalla, se disloca en un clímax. Es Allende hablando pero me tomo ese discurso, lo hago explotar y salgo hablando yo de literatura y política, de política literaria.

Quería completar el discurso de la Unidad Popular con literatura, con un barroco hipersexualizado lleno de orificios. Entra el deseo a la novela y es un deseo desenfrenado. Escribo desde ahí. Es 1972 que vuelve como fantasma, como una construcción multitudinaria colectiva. Esta es el tipo de sociedad que yo quiero proponer que construyamos, pero uso las palabras de Allende. En el discurso del 72 de Allende todavía hay optimismo, quiere erradicar la pobreza del Tercer Mundo a través de la protección los recursos naturales y la producción de conocimiento y tecnología. Toda la novela es una preparación para ese manifiesto visionario.

Al final habla un flaite de hoy que no habla sino escribe en su messenger o whatsapp. Es una escritura nueva, una escritura electrónica, un dispositivo que de tan ultra neoliberal se vuelve caótico, anárquico. Esa la voz de la ruina, el invunche neoliberal. A la novela entran voces literarias no domesticadas, el encapuchado, el anarquista, el resentido, la estética del resentimiento, otras voces.

– ¿Qué puedes destacar de la construcción de UNCTAD III?

El edificio comenzó a construirse en diciembre de 1971 para albergar la Tercera Conferencia de Comercio y Desarrollo de Naciones Unidas (UNCTAD III). Su construcción demoró el récord de 275 días y todos los involucrados en el proyecto, desde los arquitectos hasta el último obrero, recibieron el mismo sueldo: el salario de la época de un obrero calificado. La ONU le pidió a Salvador Allende un edificio de 40 mil metros cuadrados para la conferencia que no existía en Santiago. Quedaban 300 días y se empezó a construir. Los obreros trabajaron 24 horas en tres turnos, no pararon. Mi novela es un conteo temporal. Faltan 18, 17, 16… 10, 2 días para terminar el edificio. La novela tiene miles de focos distintos. Es una novela antihistórica en ese sentido, el lector no sabe donde está, no sabes si estás adentro o afuera, aquí, allá o más allá. El final es el principio, el principio es el final, no hay principio ni final. El lector arma su propia temporalidad. Es una novela multifocal, la ruina de la novela”.

 

– ¿Qué debemos esperar al leer La Expropiación, con que reflexión final nos debemos quedar luego de leerlo?

La Expropiación es un viaje en el tiempo, una invitación a viajar a 1971, a la construcción del edificio UNCTAD III, a la Unidad Popular. La dictadura y postdictadura chilena destruyó la memoria histórica. Este edificio UNCTAD fue borroneado, blanqueado por la dictadura. Ese edificio se pensó Gabriela Mistral -apasionada defensora de la identidad latinoamericana y lo indígena, feminista, lesbiana, madre querer de la nación- y devino en lo contrario, en Diego Portales, autoritario, facho. Mi novela apela a no olvidar, a la memoria histórica y a generar pequeñas revoluciones en la cabeza de cada lector.

Comentarios

Adolfo Merino

Twitter: @_dercein "No te tomes la vida demasiado en serio. Al final, no saldrás vivo de ella"