Christine de Pisan, una feminista en la Edad Media: La primera mujer que vivió de la escritura

La primera mujer que pudo vivir y sostener a su familia como escritora fue Christine de Pisan. Vivió en Francia en un periodo intermedio, cuando estaba finalizando la Edad Media y comenzaba el Renacimiento. Un miniaturista la representó  (ver imagen) por partida doble hacia 1405. La imagen forma parte de las ilustraciones de su “Libro de la ciudad de las damas”, donde, Christine de Pisan se distingue por su vestido, sencillo y azul, y por el atavío blanco de su cabeza.

A los 25 años perdió a su esposo, no volvió a casarse y la tristeza y la soledad atraviesan su obra como temas centrales:

Estoy sola y sola quiero estar
Sola me dejó mi dulce amigo

Así comienza su poema más bello, todavía recordado en Francia.

Su marido era el notario real Etienne Castel, y al morir este, Christine. debió de hacerse cargo de sus tres hijos, de su madre, de dos hermanos pequeños y de una sobrina. Sin experiencia, y a merced de los abogados, vendió poco a poco el patrimonio de su padre, para poder subsistir, además de probablemente haber trabajado de copista.

Cerré las puertas y me hice con estos hermosos libros

Escribía poesía de forma rigurosa y ateniéndose a los géneros de amor cortesano, con un toque de tristeza y soledad. En 1399 pudo ofrecer a sus amigos 100 baladas y a partir de entonces abordó los temas literarios y políticos de su época. Escribió unas 40 obras, lo cual condujo a Gustave Lanson, el mayor crítico francés a denostarla como “una completa sabionda y primera de una serie de insoportables autoras“.

En 1404 recibió el encargo de escribir la biografía del protector de su padre, el difunto rey Carlos V, algo totalmente inaudito en una mujer de su época, por orden suprema del duque de Borgoña.

Los primeros poemas de Christine aparecieron en forma de modesto cuaderno de papel, pero pronto pudo copiar, ilustrar y encuadernar lujosamente sus textos en caros pergaminos, similares a los manuscritos que aparecen sobre su mesa en la pintura. No obstante, de cada uno de ellos solo había cuatro o cinco ejemplares, ya que vivió medio siglo antes de la imprenta. En aquella época en Francia prácticamente no había mas imágenes que las de las iglesias, y los manuscritos ilustrados ofrecían a sus propietarios la inusual posibilidad de admirar motivos distintos a los religiosos.

Christine podía supervisar rigurosamente la confección de sus manuscritos. En algunas hojas aparecen incluso correcciones de su propia mano. Dispuso que la confección se efectuase no en los monasterios, como era habitual, si no en escritorios parisinos, donde los artesanos compartían el trabajo. Cada uno de los cuadernos de ocho hojas llegaban primero a los copistas, después al rubriquista, que realizaba los titulares y las iniciales, y finalmente al miniaturista, que se encargaba de adornar e ilustrar el texto.

La autora aparece representada una y otra vez en sus manuscritos, de la misma manera que está presente en sus textos. Por el contrario no se conoce ni siquiera el nombre de sus copistas e ilustradores.

El éxito de las obras de Christine entre sus contemporáneos se explica también por el hecho de que procedían de una pluma femenina. La ciudad de las damas, llegó a Milán y Londres. El exorbitante precio de los manuscritos y la circunstancia de que solo una mínima parte de la población supiera leer, determinaron que su público se redujera a la nobleza o a la burguesía urbana acomodada.

Ante la escalada de la guerra civil, Christine dejó de escribir y vivió en el campo durante 11 años, bajo la protección de un monasterio. Poco antes de morir Christine empuño la pluma una vez mas y escribió un poema en honor a Juana de Arco.

Comentarios

Adolfo Merino

Twitter: @_dercein "No te tomes la vida demasiado en serio. Al final, no saldrás vivo de ella"