Rodaje Callejero: “Para nosotros es importante llevar nuestra obra a lugares con poco acceso”

Es así como dentro esta gran gama de actores y compañías nace Rodaje Callejero, quienes a través de lúdicas puestas en escenas e interesantes guiones han sabido conquistar a niños y adultos desde su puesta en marcha por el año 2016. Y es en esta oportunidad que su director, Michael Cáceres, quien nos contó sobre esta experiencia en las calle y el trabajo de la agrupación.

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– ¿ Cómo comienza tu experiencia e inserción en el teatro, y cómo llegas a tomar la dirección de Rodaje Callejero?

Cuando estaba pensando en qué estudiar profesionalmente, conocí el mundo del circo y las artes callejeras, aprendí a entrenar y reconocer mi cuerpo como una herramienta de trabajo, me encantaba poder ver artistas de muy buena calidad tomando tan en serio un entrenamiento, entregado a la pedagogía, después empecé a trabajar en la calle haciendo malabares y pantomima clásica. Ya son 10 años como artista callejero independiente y me gusta lo que se genera con el público. Estás constantemente en presente, es agotador, pero muy enriquecedor, conoces a muchas personas de distintas áreas, compartes conocimiento, anécdotas, risas y sueños. El haber llegado a trabajar en la calle me generó un respeto por todos los artistas callejeros.

Con tan solo 3 años y siendo una compañía tan joven con poca trayectoria, me invitaron a ser parte de un proceso de investigación con colegas de la escuela de teatro que egresé, se hablaba de hacer una obra callejera, de compartir conocimientos, de viajar con el teatro y sin pensarlo, después de un año de investigación decidí dirigir el primer montaje. Grandes aprendizajes en la calle con todo lo que significa hacer una obra callejera, no tener permisos municipales para poder hacer una obra al aire libre, cosa que veo absurda, ya que tienes que hacer muchos papeleos para poder tener permiso y no ser tratado como un delincuente. Es adrenalina pura, tener que contar con pocos recursos, instalarse en la calle, presentar una obra y pasar la gorra. Si queda un poco de tiempo hablar con la gente y ver qué opina. Es bello ver cómo cada espectador es parte del proceso de crecimiento, hemos visto abuelos de 75 años hablando de nuestra obra y llorando, personas discapacitadas que nunca han visto teatro en su vida y nos agradecen mucho. Tengo la fortuna de haber podido llevar la obra a lugares que nunca había pensado, como una cárcel en Rancagua y la famosa población fantasma en la comuna de la Pincoya.

– ¿Cuéntanos sobre la conformación Rodaje Callejero y cual es el enfoque artístico que poseen?

El nombre Rodaje Callejero nace con un muy querido colega, trabajábamos en el semáforo haciendo mimo en República, y soñamos en viajar con nuestro trabajo, estábamos haciendo pequeñas intervenciones a los autos que circulaban por el sector. Luego el 2013 nos juntamos 12 actores de la escuela de Teatro Los Leones para montar una obra de la Divina Comedia, y estábamos pensando en cómo se llamaría la compañía y justamente teníamos el nombre de Rodaje Callejero. En ese entonces estaba haciendo ayudantía de actuación  y conocía a la mayoría. Estuvimos un año investigando hasta que llegamos a crear “Yungay, una historia para contar” una comedia familiar que narraba la historia de seis abuelos que se querían escapar de un geriátrico.

El haber llegado a trabajar en la calle me generó un respeto por todos los artistas callejeros

El primer y segundo proyecto han sido autogestionados. Hemos hecho fiestas y hemos pedido créditos para sacar adelante los proyectos.

En esta segunda obra “Proyecto Nemo” basada en una de las novelas más famosas  del escritor francés Julio Verne, “20.000 leguas de viaje submarino”, quisimos hacer algo abierto y directo con el público, y tratamos siempre de documentar todo para llegar al proceso final que es el montaje. Hacer una investigación no es una tarea fácil, hay que informarse bien sobre el contexto histórico y preguntarse como artista ¿Qué es lo que realmente quiero decir?. En este caso para nosotros es muy importante tener esa complicidad con el espectador, y no subestimar lo que piensa. Este nuevo proyecto, tiene muy poco texto y debatimos que el trabajo tiene que ser un viaje para el espectador. Trabajamos con medias máscaras y pensamos que sería interesante abordar un trabajo corporal como herramienta de interpretación.

Además nos preguntamos ¿Cómo podemos producir esa magia tan única que tiene el callejero? Es un interrogante que nos cuestionamos constantemente, aparte es muy difícil generar un espectáculo con muy pocos recursos. En este proceso de casi un año, he visto actores muy artesanos, los veo cociendo sus vestuarios, pintando, construyendo máscaras y siendo sus propios diseñadores. Ser parte de una compañía con tan sólo 3 años de experiencia hace el trabajo más lento, tener que generar instancias para buscar fondos, estudiar mucho para hacer lo correcto y eso es lo bello del teatro, que uno nunca deja de aprender.

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– Según tu opinión, ¿cuál es el valor y la importancia de llevar trabajos artísticos a las calles?

Estar en las calles es un acto político.  Nuestro objetivo como compañía es recuperar espacios que están perdidos y no tiene acceso a la cultura. Para nosotros es importante llevar nuestra obra a lugares con poco acceso. Y no es lo mismo presentarse en una sala de teatro donde el espectador está cómodo en su butaca. A estar en un espacio perdido sin electricidad, donde tienes que solucionar todos los requerimientos técnicos para que todo resulte. Yo no he visto nunca alguien en la mitad de una función de sala pararse, y opinar. En la calle si, la gente está libre de decir lo que quiera. La gente vive una rutina, un ritmo establecido y si los puedes sacar con algo muy simple, cambiarás su estado de ánimo. En la calle está la magia, está lleno de códigos, silencios y reiteraciones. En las poblaciones que nos hemos presentado la gente es muy agradecida.

Vivimos en una sociedad llena de artificios. Y el teatro callejero tiene esa cercania, esa magia que tanto hablo a los actores. El teatro es una gran herramienta para hacer grandes transformaciones en esta sociedad. Somos comunicadores, artesanos del arte. Tenemos que estar constanmente informados. Actuar en la calle, tiene tanta importancia como el entrenamiento, tenemos que conocer el espacio, saber los tiempos adecuados, jugar con la mirada, con las emociones, nada se esconde, el actor está en presente, con todo lo que pueda pasar, cruzar un perro, un borracho, parar una función, una falla técnica,  etc.

La gente vive una rutina, un ritmo establecido y si los puedes sacar con algo muy simple, cambiarás su estado de ánimo

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Cuéntanos sobre el proceso de creación de sus obras y propuestas, ¿cómo ha sido la experiencia? y ¿cómo ha sido la recepción del público?

Para mí actuar es algo único, cada día encuentras cosas en tu personaje, se vuelve parte de ti, también tiene su biografía, uno le toma cariño ya que pasa la mayoría del tiempo interpretando. En el primer montaje “Yungay, una historia para contar” tuve la experiencia de actuar y dirigir, interpretar a un anciano de 70 años, fue un reto, estar en tensión, conocer un nuevo cuerpo y una nueva  voz. Para mí siempre ha sido mágico ver a los actores cuando pueden llegar más lejos con su actuación y puede transformarse en otros seres. Me encanta ver teatro y ver artesanía, me gusta mucho cuando hay un buen maquillaje o una prótesis, cuando se ve un buen diseño en vestuario. Y si a eso le agregamos una buena investigación,  se produce magia. Termina la función y no reconoces a quién interpretaba ese personaje.
Como director trato siempre de exigir a los actores un trabajo corporal. Como me gusta mucho la pantomima clásica y tuve la fortuna de tener un excelente maestro, me preocupo para que la herramienta importante sea el cuerpo, luego empiezo a profundizar en el trabajo de voz, y finalmente en el vestuario.

Nuestro objetivo como compañía es recuperar espacios que están perdidos y no tiene acceso a cultura

En este nuevo montaje, “Proyecto Nemo”  ha sido enriquecedor aprender de las distintos tipos de máscaras en el teatro, sus rituales, sus formas, colores, y estudiar a grandes maestros que dedican su vida a la pedagogía con la máscara.

Actuar en la calle es adrenalina pura, un actor tiene que tener mucha energía y proyección para que todos pueden disfrutar de su interpretación. Obviamente es un reto, estar muchas veces luchando con la temperatura, con cuidar el cuerpo, ya que es importante mencionar que en nuestra compañía, el cuerpo es nuestra mayor herramienta de trabajo. Los training que generamos son muy fuertes, todo para llegar a tener una energía en común, todos los cuerpos son distintos, se mueven de una forma en particular, miran y respiran e interpretan. Eso lo hace enriquecedor.

– En el caso de Proyecto Nemo ¿por qué se elige adaptar la obra de Verne?

Cuando estábamos viendo referentes estéticos para nuestra compañía, nos dimos cuenta que el teatro callejero tiene muy poco texto. Entonces la primera parte fue adaptar la obra, porque el libro tiene 36 capítulos y nos quedamos con los mejores, que son 10, y recién ahí lo llevamos a espectáculo callejero. Incluimos música, máscaras, porque hace dos años estuvimos en Escuela Nómade del Théâtre du Soleil y ahí indagamos en el mundo de las máscaras, la comedia del arte.
Al pasar el texto de novela a texto dramático, nuestro objetivo fue que tuviera poco texto y a la vez fuera muy claro para el espectador. Por eso tomamos como hito la vida del Capitán Nemo y así investigamos su biografia, contexto político de la India, y su niñez, pero notamos que Julio Verne era muy clever para contar las cosas, porque todo lo que pasa en sus novelas, no ha habido mucho cambio socialmente, culturalmente.

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Nos demoramos un año y fuimos trabajando en un formato que llamo “microescenas”, donde le pido a los actores hacer breves escenas sobre la obra o investigación que estamos haciendo, que duren de 7 a 15 minutos.

La idea es revisar las mejores propuestas estéticas, musicales, vestuario, iluminación. En base a ese material vamos tomando decisiones. Este fue un proceso súper enriquecedor, porque decidimos hacer todo esto en la calle, y documentamos todo.

Nos íbamos a ciertos lugares de Santiago, con todo lo que conlleva hacer teatro callejero: sin permiso, llevábamos nuestro generador, hacíamos sonar la música, interveníamos cinco minutos un espacio y después veíamos la reacción de la gente, documentábamos eso, y sabíamos qué opinaban, qué veían, qué nos criticaban. Así estuvimos durante un año hasta que hicimos una selección de microescenas de las mejores partes de la novela, y así nació Proyecto Nemo donde queremos que el espectador sea un tripulante mas del nautilus y sienta ese viaje teatral.

¿Crees que en Chile faltan más proyectos artísticos que puedan llevarse a los barrios y a las calles?

Hay poco teatro callejero y creo que falta mucho en Chile. Hay mucho teatro de sala. Me gusta la complicidad que se genera con el espectador, porque el público puede ser directo, puede opinar. La labor del teatro callejero es también ir a lugares en los que no llega mucho. Al teatro de sala va un público concreto, y nosotros nos preocupamos de ir más allá, de llegar a poblaciones, galpones culturales. Sí falta dar oportunidades de aprendizaje a regiones, Santiago no es Chile, y es importante también salir del circulo teatral y entregar herramientas para gente que muchas veces no tiene para pagar un seminario profesional, o hasta estudiar. En la calle he visto artistas de mucha calidad, viajan de un país en otro, o de región a región.

Hace un par de meses hicimos un taller gratuito en la Umce de teatro callejero y fue una experiencia maravillosa, talleristas de todas las áreas pero nadie de teatro. En enero de este año volvimos a repetir la experiencia en el centro cultural Leganes en la comuna de Conchalí, y compartimos grandes aprendizajes. Es nuestra labor como artistas compartir nuestras herramientas a personas que no tienen acceso a ellas y no ser egoístas con el conocimiento.

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Contacto:

Facebook:  Rodaje Callejero

Video: https://vimeo.com/204926601 

Carolina Ibarra

Periodista, investigadora, editora, redactora, fotógrafa.