Andy Warhol y el negocio del arte

En “El Mostrador” dedican esta interesante columna a la obra de Andy Warhol y como esta se fue entremezclando con el mundo comercial.

La cama de Andy Warhol siempre fue un collage (colaje) de objetos. Sus sábanas eran lienzos en los que elaboraba un universo paralelo a su cotidianidad. Acumulaba cosas en su cuarto y lograba crear entre ellas una estrecha relación, un vínculo que partía de la comunicación y lograba arribar hasta los senderos de la estética. Su único criterio válido era el ojo, ese termómetro personal que le indicaba el punto exacto en el que la mezcla rebasaba los límites del color.

Las incompatibilidades entre las texturas jamás fueron motivos suficientes para desistir de una fusión, bien podían convivir de manera armónica latas con cartones, y retazos de tela con elementos sólidos, pesados. Lo importante era que sobre su lecho quedara plasmada una propuesta arriesgada, irrepetible y, obvio, genuina.

Sobre su lecho reposaban las primeras invenciones de Andy Warhol, cuyo verdadero nombre era Andrew Warhola, Jr., un niño sobreprotegido al que le tocaba buscar la diversión en lo que tenía al alcance de su mano porque su madre, la austrohúngara Julia Warhola, controlaba todos sus movimientos y lo crió como un ser hipocondríaco al que cualquier viento podía vulnerar su salud e, incluso, provocarle la muerte.

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Comentarios

Adolfo Merino

Twitter: @_dercein "No te tomes la vida demasiado en serio. Al final, no saldrás vivo de ella"