Cultura Mapocho y sus 10 años recorriendo la ciudad

A pesar de que diariamente transitamos por ciudades, calles y barrios, donde se nos van presentando arquitectura, personas, situaciones, arte,  esculturas, etc; son pocas las veces que nos detenemos a observar más allá de dicha realidad y preguntarnos qué historia hay detrás de aquellos hitos urbanos.

Es así como Cultura Mapocho logró  tomar estas temáticas y acercarlas a la gente. Es en el año 2003, cuando sus fundadores, Vólker Gutiérrez (historiador) y Luciano Ojeda (sociólogo) comienzan a realizar las primeras actividades, organizando un ciclo de charlas en torno a temas urbanos, históricos y patrimoniales, con diferentes invitados. Alrededor de estas charlas se hicieron los primeros recorridos a pie por la ciudad de Santiago.  Ya en el 2007 se inició el programa de Recorridos Patrimoniales por Santiago, el que se realiza mes a mes hasta la fecha.

Diez años más tarde, ya se han diseñado 50 rutas, realizado 120 recorridos  y se han contado con cerca de 14 mil asistentes, lo que da cuenta de un proyecto que ha sido capaz de cambiarnos la visión con la que percibimos la ciudad.

 

 

Hablamos con Magdalena Von Holt , quien es parte de Cultura Mapocho, quien nos contó sobre  lo que se ha logrado en estos años y lo que buscan como organización.

“Entendemos patrimonio en un sentido integral, como aquellos elementos, tangibles e intangibles, creados, heredados, valorados y reconocidos por una comunidad, que son signo de una identidad común y del vínculo de las comunidades con su territorio. Como parte de este sistema de relaciones creemos y propiciamos un patrimonio dinámico, democrático y diverso.”

Actualmente el equipo está compuesto por 11 socios activos, todos ellos ligados a las humanidades, artes, ciencias sociales y pedagogía.

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¿Como es el proceso de creación de una ruta, la planificación y las dificultades que esto presenta?

Cada recorrido es una actividad específica que se realiza un día y hora determinado, pero también es un momento de reflexión y creación colectiva.

Lo primero que hacemos es fijar un calendario anual, que muestre idealmente una diversidad de temas y territorios. Así hemos ido definiendo recorridos temáticos como el Santiago Literario o Criminal, barriales y en parques o ejes urbanos relevantes.

Nuestra idea no es caminar por un mostrario de hitos solamente, sino que estos tengan sentido entre sí y con la idea central, creemos que es la única manera de invitar a la reflexión y a la crítica.

La principal dificultad es encontrar una ruta que permita llevar adelante esta idea, que tenga suficiente hitos que acompañen la hipótesis y que estos estén a una distancia que permita recorrerlos en 3 horas. Y bueno, la ciudad está viva, es espontánea y bulliciosa, y si bien es nuestra escenario por excelencia, ese mismo dinamismo nos pone dificultades, ruidos, veredas cerradas, peleas de perros que nos siguen, alguna persona muy pasada de copas que quiere aportar con su propio “relato” son parte de nuestra cotidianeidad. Por eso es importante realizar rutas de pruebas y sobre ellas decidir si realizar alguna gestión con propietarios o usuarios privados de algunos espacios para poder entrar o transitar por ellos.

¿Cómo comenzaron a hacerse conocidos como organización?

A medida que fue creciendo el equipo tuvimos más manos para administrar un sitio web, redes sociales, enviar correos, diseñar material digital, eso por una parte. Las alianzas con instituciones como DIBAM y CMN han sido muy importantes, y así también, con organizaciones comunitarias y barriales que nos han permitido acercar al público general interesado en estos temas con las comunidades que buscan poner en valor su patrimonio.

En algún minuto, hace unos 8 años, los temas patrimoniales y urbanos comenzaron a marcar presencia en los medios masivos, primero con las idea más tradicionales sobre lo monumentos, palaciego y neoclásico, pero de a poco barrios obreros y otras realidades sociales comenzaron a ser consideradas, especialmente por comunidades que se organizaron para reaccionar frente a la destrucción de sus barrios y por organizaciones como nosotros que realizábamos actividades de mediación. En ese contexto tuvimos mucha difusión en prensa y TV, triplicando el público que llegaba a los recorridos. En un minuto llegaron hasta 350 personas, un número prácticamente inmanejable para cualquier formato de ruta. Hoy nuestro promedio son 80 personas, sabemos que hay mucha más oferta de actividades culturales y rotación de público, y si en algún momento nuestra meta fue crecer en número hoy nuestros esfuerzos están en que la reflexión y los temas tratados lleven a que cada recorrido sea una gran experiencia para quienes asisten. Con 80 personas, aunque parezca mucho, nosotros sentimos que se logra una mejor conexión y espacios de conversación más significativos, cosa que con 300 es imposible.

¿Qué es lo más complejo de la labor que realizan?

Como toda organización comunitaria, con una base en el voluntariado, lo más complejo a nivel interno es mantenernos motivados y creativos. En un minuto gran parte del equipo éramos estudiantes universitarios y hoy ya estamos instalados trabajando, armando familia y participando de diversos proyectos. Encontrar espacios para conversar y debatir se va volviendo un esfuerzo cada vez más grande.

Hacia afuera en este minuto nuestro mayor desafío es abrirnos a nuevos públicos, estar siempre aprendiendo e investigando para darle sentido a lo que hacemos. Sumar nuevos desafíos que se enmarquen en la misión y objetivos que hemos construido como organización.

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¿Qué es lo que más les da satisfacción de este trabajo?

Cuando terminamos una actividad y nos quedamos con la idea de que tuvo sentido para quienes ahí estuvieron, que podemos aportar en que la gente entiendo cómo funciona la ciudad, qué es el espacio público, qué es el patrimonio, el arte público y la memoria, que la historia es una herramienta para pensar el presente y no sólo una serie de hechos revelados o un montón de túneles “misteriosos”, que fuimos capaces de darles elementos para que las personas puedan interpretar su realidad y ser ciudadanos consientes, críticos e informados.

Y obvio que cuando esto es más que una idea de nosotros y alguien nos escribe o se acerca a darnos las gracias, nos vamos todos un poco más felices de vuelta a nuestra casa.

¿La gente efectivamente cuida el patrimonio, cómo ha sido la evolución de las personas en estos últimos años y de qué manera se ve la cultura patrimonial en Chile?

Creemos que la gente tiende a cuidar el patrimonio más tradicional, ese patrimonio colectivo no declarado que no es el museo ni la zona típica, todavía es poco valorado y respetado en nuestras acciones cotidianas. Todas las buenas intenciones y declaraciones que despiertan instancias como el Día del Patrimonio, a veces se diluyen en el día a día. Los valores culturales, sociales, políticos y urbanos asociados al patrimonio; el paisaje y el territorio como patrimonio, y otros conceptos de este tipo son más difíciles de asimilar. A lo mejor todos tenemos claro que está mal que se destruyan o rayen edificios patrimoniales y sobre eso muchas personas se revelan, sin embargo, sus valores más abstractos son descuidados permanentemente, por eso necesitamos una nueva ley y una nueva institucionalidad patrimonial, para empezar a ver nuestro patrimonio como una red compleja de relaciones entre personas, bienes y territorios.

 

 

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