La Nación del Fuego Nro.35

Santiago está lleno de personas extrañas y de pintorescos personajes, pero cada tanto, el frontis del MAC recibe dragones, fénix y otros seres de fuego para encender la noche y dar un espectáculo de movimientos, música y arte.

_mg_5876-1  _mg_5623-1

La Nación del Fuego, es como le llaman, quienes mediante un evento por Facebook convocan a asistentes para participar de esta reunión, donde se congregan músicos, malabaristas y artistas para poder demostrar y compartir sus numerosas habilidades con sus juegos y malabares, mientras la gente se va acercando curiosa hasta quedar extasiada con el despliegue técnico, precisión y belleza de cada uno de los participantes y su puesta en escena. Acá no se compite, no hay ganadores, ni perdedores, simplemente se comparte y se pasa bien a través de un gran espectáculo en llamas.

Organiza Kutralche

Compartimos parte de este interesante espectáculo.

* Si andas un poco corto de tiempo te recomiendo el minuto 1:14.

Comentario de Teatro: La Pichanga

Llegué al parque forestal y me recibió como siempre, lleno de gente, de los malabaristas que se toman la salida del MAC, de esos carritos donde las señoras te venden galletas, con la música callejera que le da ese ambiente de trasfondo, como si fuera una película con su propia banda sonora. En este contexto fui a parar al Anfiteatro del Bellas Artes, a un costado del museo, a ver la obra La Pichanga, de la que no sabía más que lo que había leído en el afiche publicado en la página del anfiteatro, pero que me llamaba profundamente la atención, la verdad, no resulté decepcionado, muy por el contrario. Una obra que entrega carcajadas, llantos intensos y reflexiones profundas.

_mg_5986Una cancha, un grupo de las más diversas personas gritando durante varios minutos a la Presidenta que quieren jugar a la pelota con los políticos corruptos que se duermen en sus cómodos sillones en el Senado. Suena un pito, como marcando el final de un tiempo todo se pone oscuro. Un consultorio, donde un payaso pide un poco desesperado, suplicante y  enojado ayuda para su amigo enfermo. Doctores al otro lado de la ventanilla que aseguran que no pueden hacer nada, porque el sistema no se los permite, le dan instrucciones, horarios y soluciones que no solucionan nada. Situación que termina con tal personaje en camilla, en  medio de un pasillo buscando por sus propios medios encontrar la cura.

Un comienzo que nos da cuenta de una obra rápida, pero muy cercana, con personajes extremadamente bien hechos y con una sucesión de eventos en apariencia inconexa pero que le dan una aura de dramatismo increíble y que de a poco van develando, como todos y cada uno de los personajes quedan íntimamente relacionados.

Es una historia de la gente, como la vida misma, y como nos cuenta Da
vid Gajardo, dramaturgo de la compañía, “basada en historias y personas reales”, lo que le confiere a la trama y a lo que cuentan, un valor añadido, ya que uno se siente, en mucho más de una situación completamente identificado con lo que se ve sobre las tablas.

_mg_6099_mg_6054

La compañía Ocaso Teatro ha logrado reunir los elementos y personajes tal vez más inconexos y en apariencia lejanos entre si, justamente como los ingredientes de una “pichanga”, para unirlos en una obra que funciona, entretiene, y  que te hace reflexionar sobre los aspectos mas básicos de la sociedad chilena y la psicología de las personas.

 

Pasaje Edwards: Un viaje al pasado

Cuando se transita por el centro de Santiago, se nos presentan en el camino históricas galerías, que son una invitación a caminarlas y retroceder en el tiempo.

El pasaje Agustín Edwards es una de estas, que desde su creación en 1947, a cargo de los arquitectos Sergio Larraín García Moreno y Jorge Arteaga, ha mantenido hasta la fecha su esencia en cuanto arquitectura, diseño y locales comerciales.

Esta idea de abrir los edificios hacia el público, proviene de la propuesta del arquitecto austríaco, Karl Brunner, quien desarrolló el concepto de “urbanismo moderno”, de donde surgió el barrio cívico en la ciudad de Santiago, como también que los edificios privados fueran un espacio de conexión entre diferentes calles de mucho tránsito.

La galería Edwards se caracteriza por su estilo art decó, muy presente en sus altas techumbres y en sus escaleras, siendo un lugar que desde su creación solo era transitado por la elite chilena, entre ellos políticos, quienes se reunían en el ya desaparecido café Santos.

Este patrimonio comercial continúa albergando antiguos oficios en sus locales, enfocados en el ámbito de la sastrería, chocolatería, relojería, joyería, reparadoras, gastronomía casera, entre otros, los cuales se complementan amablemente con el comercio más actual.

Locales como la camisería Carrera, peluquería Ibarra’s, reparadoras El Griego y la Alemana, la filatelia El Penique Negro, fuente de soda Dos y Dos, entre muchas otras, son parte de este comercio que mantiene esta idea de no modernizarse, conservando su histórica función. Asimismo el mismo cine Roxy que en la actualidad solo exhibe películas para adultos, no ha perdido ese estilo de cine antiguo.

La invitación es a introducirse a estos espacios que evocan nostalgia de cierta forma, y apreciar este paseo que nos permite jugar con el tiempo y las décadas, nos muestra historia, como también, nos aísla por un momento del rápido movimiento del centro de la ciudad y sus sonidos.

Lugar: Pasaje Edwards (Entradas por calles: Huérfano, Ahumada, Compañía y Bandera)

Horario: Lun – Viernes 09:00 – 20:00 horas
Sábados: 09:00-16:00 horas

Bar Serena

Barrio Brasil es conocido para la mayoría de los santiaguinos y sus visitantes como un sector que posee una marcada identidad histórica y patrimonial, el cual se enmarca y forma parte del autónomo Barrio Yungay, y donde el gran simbolismo lo ocupa la Plaza Brasil; espacio de esparcimiento y escenario de diversas actividades culturales, apreciadas por todas las generaciones.

Asimismo en calle Brasil se puede encontrar diferentes opciones de restaurantes, bares y cafés, los cuales con sus destacados letreros y promociones invitan a clientes a pasar un momento de recreación, probar una variada carta de tragos y degustación gastronómica. Es en este contexto que queremos destacar un lugar en particular, el cual a diferencia de los vecinos locales, pasa generalmente desapercibido, y sale de todo arquetipo modernista bohemio, pero que posee una gran trayectoria, logrando aún mantener la verdadera esencia del concepto de “Picada”.

Nos referimos al Bar Serena, ubicado en calle Brasil 437, donde su data aún es una incógnita, ya que se ha llegado a decir que posee alrededor de 150 años de existencia, pero aún no es una información comprobable. Aún así es uno de los pocos restaurantes que mantiene ese valor de lo antiguo, lo histórico y pone a prueba un memoria emotiva.
Al lugar solo lo identifica un toldo verde, con su nombre muy desteñido, que apenas se ve, resaltando mas los letreros de los precios módicos de colaciones que ofrece el sencillo local. Donde se destacan un plato de cazuela con ensalada por $2.500, un plato de pollo arverjado por $2.800 o lo tradicionales sándwiches de pernil, arrollado o chacarero, entre otros ofrecimientos del menú.

Al ingresar al tradicional y sencillo lugar se observa unas cuantas mesas con personas comiendo y bebiendo criollos platos, como también una larga barra con sillas altas. Desde el otro lado nos recibe don Hernán, quien es el encargado del bar, vistiendo una cotona azul y con un alegre saludo nos invita a sentarnos, mientras él corta rodajas de naranja para depositarlas en un par de vasos, que posteriormente llena con chicha dulce desde una garrafa.

Todo el lugar se encuentra decorado de elementos muy simbólicos y antiguos, tales como una radio cassette que suena a distancia, santitos, fotos en blanco y negro, y una serie de objetos que traen a la memoria épocas de antaño. Asimismo al preguntar a don Hernán por la historia de Bar Serena, no sorprende como inmediatamente le cambia su rostro, volviéndose nostálgico. Y aunque al principio expresa no querer hablar del tema, poco a poco sus palabras salen para expresar que ya el lugar no es el de antes, que en cualquier momento se va a terminar. Y lo que fue antes fue un espacio para tertulias entre trabajadores ferroviarios, o habitantes del vecindario antiguo, hoy solo es visitado por unos cuantos jóvenes y personas que le tienen un cariño y respeto al lugar, pero que ya no es lo mismo, simplemente porque hoy cuesta que se ponga en valor la tradición de un ayer.